El 88 dibuja geometrías un tanto extrañas. Con llamativa modorra parte la ciudad en dos mientras una geografía no apta para publicidades de agua mineral le sale al encuentro. Llovió no hace mucho. Algunos rayos de sol, tibios, oblicuos, se escurren por entre las nubes altas y dan de lleno en los vidrios rotos del galpón abandonado y sin techo de Mármol y Perón. Mi amigo concibe magníficos acordes en Si bemol. F.K. alguna vez habló sobre el impulso que sobreviene luego de la tormenta. Quizá tenga que ver con eso. O no. Un atardecer de puta madre en La Matanza.
9 de junio de 2009
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